Termina la tercera película y Dani enciende la luz del
salón. Me llevo las manos a la cara y me tapo los ojos con fuerza.
-¡Apaga eso! –se ríe y vuelve a apagar la luz-.
-Vale, vale… No me mates, agresiva –me quito las manos de la
cara y está todo oscuro, no se ve absolutamente nada ya que ahora la tele
también está apagada-.
-¿Dani? No me asustes eh… Que no se ve nada –me levanto y
busco el interruptor de la luz a tientas pero no lo encuentro- Dani, para ya…
¿dónde estás? –me quedo de pie en medio del salón con la manta sobre los
hombros-.
Noto como algo me pellizca la cintura y doy un pequeño grito
mientras me giro. Empiezo a pegarle puñetazos en el pecho a Dani, aún sin ver
nada y él solo se ríe.
De repente, me agarra por las muñecas y las lleva detrás de mi
espalda. Noto su pecho completamente pegado al mío y me quedo sin habla.
-Imbécil.
-Niñata –puedo notar su respiración en mi cara-.
Y entonces, aunque esté todo oscuro y no vea nada sé que le
estoy mirando a los ojos. Sé lo que va a pasar y lo que no sé si quiero que
pase, duda que desaparece en cuanto noto como sus labios rozan los míos
suavemente, como pidiendo permiso. Suspiro y cierro los ojos.
Me recorre un escalofrío y suelta mis manos para rodear mi
cintura, yo subo los brazos hasta su cuello y
espero a que él ataque. No tengo
que esperar mucho, ya que en menos de diez segundos vuelvo a notar el contacto
de sus labios cálidos sobre los míos.
Me pega a él atrayéndome de la cintura y abro mi boca
lentamente para dejar paso a su lengua. Le echaba de menos, no hay duda.
Agarra mi cara entre sus manos y sonrío agachando la cabeza,
pero al momento me doy cuenta de que quiero más, de que los dos pedimos más, de
que nos hemos echado de menos.
-Dani… -coloca un dedo suavemente en mis labios y me acaricia
la cara-.
-No digas nada…
-susurra y sonrío-.
Vuelvo a agarrarme a su cuello y me besa otra vez. Me dejo
llevar por él y noto que nos desplazamos. Me empuja suavemente y caigo en el
sofá. ¿Qué estoy haciendo? No puedo pensar, no puedo reaccionar, tan solo sé
que he echado de menos sus besos y que ahora no puedo controlar mi cuerpo.
Me tumba en el sofá y se coloca encima de mí, amoldándose a
mi cuerpo. Vuelve a besarme y baja sus besos hasta mi cuello, donde se
entretiene. Suspiro en su oído y cuela una mano debajo de mi camiseta,
lentamente, con dulzura.
Me acaricia desde el ombligo hasta el límite con el
sujetador, despacio, lento, tanto que hasta duele. Una de las veces va más allá
y me acaricia por encima del sujetador, hasta el cuello y bajando de nuevo,
entreteniéndose.
Me incorporo y me quita la camiseta tirándola al suelo. Me
deshago de la suya y noto cada milímetro de su cuerpo pegado al mío.
Con delicadeza, va bajando sus besos por mi cuello hasta el
pecho, más abajo, el abdomen, más abajo, el ombligo, aún más, el límite con mi
pantalón. Me hace desesperar y suspiro. Sonríe y tiro de él hacia arriba.
Vuelve a apartarme el pelo de la cara y me besa despacio, lento, dulce. Yo
estoy inmóvil. Paralizada, como si fuera un veneno que me recorre y quema, y
que solo puedo expresar en forma de suspiros.
Recorre mis brazos con sus manos y agarra las mías
llevándolas encima de mi cabeza, haciendo este juego eterno. Agarra mi labio
con sus dientes y vuelve a bajar a mi cuello, besándolo con más fuerza, dejando
a un lado la tranquilidad para pasar al siguiente nivel.
Suelto un pequeño gemido y baja a mi pecho, va dejando besos
cortos y rápidos en el límite del sujetador que alterna con pequeños mordiscos
mientras me agarra fuerte las manos.
Arqueo la espalda pidiéndole más y lleva sus manos al broche
de mis vaqueros. Los desabrocha con facilidad y tiro de él hacia arriba.
El siguiente paso no es besarnos, puesto que el sonido del
timbre nos devuelve de un empujón a la tierra, nos hace bajar de nuestra nube.
Con la respiración entrecortada me da un beso rápido en los
labios y se pone la camiseta dándome la mía.
Me la pongo también y se levanta.
-Espera ahí… -y eso hago, me siento en el sofá y espero-.
Enciende la luz y entorno los ojos para no deslumbrarme. Me
mira y sonríe. Sonrío también y abre la puerta.
Entonces algo me hace, no solo volver a la tierra, sino caer
en picado y pegarme contra el suelo. Una rubia espectacular con un cuerpazo
increíble y unos ojos preciosos aparece al otro lado de la puerta. La chica no
es lo que me preocupa, me preocupa la cara de Dani al verla…