miércoles, 17 de octubre de 2012

Capítulo 9:


*Narra Dani*

Llega el ascensor y le dedico una última sonrisa, pero me frena a entrar.

-¡Dani, espera! -sale de casa y se queda sin saber bien qué decirme- Que... Gracias por traerme el monedero y el masaje...

-Ya te llamo yo, si eso es a lo que quieres llegar -agacha la cabeza sonrojada y me río-.

-Vale... -sonríe y ahora sí, entro en el ascensor-.

Bajo al coche, aparcado a dos o tres manzanas intentando no mojarme demasiado los pies con los charcos del suelo, pero resulta imposible. Llego con los pies empapados al coche y pongo la calefacción al máximo. Me recuesto en el asiento y asimilo todo lo que acaba de pasar... ¿Entonces esto ha sido una tregua? ¿Hemos firmado la paz? No sé qué tiene esta niña, pero cada vez que paso más de diez minutos con ella se me llena la cabeza de preguntas imposibles de responder.

Quiere volver a conocerme... Pues lo hará, y no la voy a volver a cagar, esta vez me voy a portar bien, no voy a ser un capullo que la deja tirada a la primera de cambio. Esta vez no.

Realmente, sé muy poquito de ella después de tanto tiempo. Sé que está estudiando, que vive en Vallecas, y que hace unos meses empezó a trabajar en Sé lo que hicisteis... Ya está. Y quiero saber más cosas de ella, quiero saberlo todo y quiero aprender a controlarme. Necesito aprender a reprimir esa vena de chulo prepotente que me sale a veces.

Estamos a domingo... ¿qué hago yo el resto del día?

Arranco el coche y conduzco a ninguna parte, me pongo a pensar en todo y en nada a la vez, sin darme cuenta me salto dos semáforos en rojo y estoy a punto de chochar con un coche. Joder, tengo que despejarme...

Llego a casa y me meto a la ducha para intentar aclararme las ideas.

El día pasa sin pena ni gloria, sin hacer nada, simplemente tirado en el sofá y sin ganas de nada, ni siquiera salgo por la noche a pesar de la insistencia de Juanpe.

Son las doce y media y estoy viendo la NBA en la tele, pero solo me ronda por la cabeza una cosa. Cojo el móvil y marco su número. Tres tonos y lo coge.

-¿Dani? -tiene voz de dormida y me doy cuenta de la hora que es-.

-¿Estabas dormida? Lo siento, no me fijé en la hora que era...

-Estaba a punto -sonrío- ¿qué pasa? Nos hemos visto hace nada, ¿no puedes vivir sin mí o qué, Martínez?
"Algo así" pienso.

-Pues anda que no eres flipada...

-Bueno, ¿qué querías? -¿y yo qué quería? Ni lo sé-.

-Eh... Pues... En realidad nada, hablar contigo un rato -se queda callada y me impaciento- ¿Cris...?

-Sí, eh, perdona... Es que me ha sorprendido -sonrío y me rasco la nuca- ¿Quieres que quedemos mañana y así no gastas móvil?

-Vale, perfecto, ¿te recojo y desayunamos?

-Genial, ¿a las diez?

-A las diez, sí.

-Vale, pues hasta mañana entonces, Dani.

-Adiós, guapa. Buenas noches -cuelgo y sonrío. Objetivo conseguido-.

Dejo el móvil en la mesa y apago la tele, me acuesto en la cama y compruebo que aún sigue su olor entre las sábanas. Sonrío y me duermo feliz de que mañana la volveré a ver.  Quiero... Necesito, demostrarle que he cambiado, que no soy el mismo gilipollas que hace cinco años. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 8:


*Narra Cris*

Siento un escalofrío al notar el contacto de su mano agarrando la mía y me acerca a él lentamente. Me quedo quieta, no me aparto y dejo que me guíe. Me pega a él y suspiro. Me coloca el pelo detrás de la oreja y se acerca rozando sus labios. Me estremezco.

-No te emociones, Pedroche, que se te va a salir el corazón del pecho... -susurra y se separa lentamente- Solo tenía pensado quedarme un rato más, que está lloviendo a cántaros.

-Imbécil -me separo lo que puedo de él y sonríe victorioso-.

-Niñata.

¿Por qué ahora no me desagrada que me llame niñata? Este idiota me va a volver loca.

Voy a la cocina y me preparo un colacao para desayunar. Me siento en la mesa y Dani entra en la cocina.

-¿Entonces qué?

-¿Qué de qué? No te voy a echar a la calle con la que está cayendo después de aguantarme ayer todo el día -leo una revista quitándole hierro al asunto y se sienta en frente mío-.

-¿Ya no tienes fiebre?

-Por suerte, no... -sonrío un poco y provoco su sonrisa-.

-Pues me alegro de que haya sido poco tiempo -río negando con la cabeza y me mira extrañado- ¿qué pasa?

-Que es la primera vez que hablamos más de tres minutos sin tirarnos los trastos a la cabeza...

-Bueno, eso es porque estoy pacifista hoy... -me río y meto la taza al lavavajillas-.

-¿Has desayunado o quieres algo?

-No, gracias, desayuné en casa. Algunos madrugamos, Pedroche... -le miro con una sonrisa burlona y me cruzo de brazos-.

-¿Madrugar? ¿Tú? No creo. Si te levantarás con una tía diferente cada día, si no se van por la noche después del polvo -me cuesta decir eso, pero lo digo para intentar parecer... ¿fuerte? ¿egocéntrica? ni yo lo sé-.

-No, no, maticemos eso... Que para mí madrugar son las once de la mañana y me he levantado solo para traerte el monedero.

-Ya, claro... -compruebo que sigue lloviendo y resoplo-.

-¿Qué pasa? ¿Tan pronto me quieres echar? Mira que si cuando te trato bien no quieres estar conmigo vuelvo a lo de antes...

-¿Por qué? ¿Es que quieres pasar tiempo conmigo, Martínez? -me acerco a él y se sonroja-.

-Yo no he dicho eso.

-Lo has insinuado. Te contradices... -se ríe y se sienta en el sofá- Eh, no acapares el sofá entero, que algunas tenemos cosas que hacer...

-¿Cosas que hacer un domingo? ¿Como qué? -me siento en la otra esquina del sofá y cojo los apuntes de encima de la mesa-.

-Como estudiar, que tengo examen el miércoles...

-Ah vale, pues yo aquí calladito y en silencio, tú estudia.

Leo todos los apuntes desde el principio, una y otra vez, memorizo y cuando llevo tan solo dos páginas me tapo la cara con las manos y chasqueo la lengua, agobiada.

-¿Qué pasa? ¿No te lo sabes? -miro a Dani y niego con la cabeza- A ver, trae... -le doy los apuntes y los mira por encima para devolvérmelos después-.

-Es que no me sé nada, el examen es el miércoles y... joder. Me estreso. Se supone que ayer me pasaría el día estudiando y no pude, y hoy no me puedo concentrar. Llevo con las mismas dos páginas desde anoche.

-Bueno, no te agobies... Si suspendes este examen ya aprobarás el resto -sonrío y me recuesto en el sofá-.

-Al menos tú eres sincero...

-¿Cómo? ¿Qué tiene que ver la sinceridad aquí? -le miro y me sonríe-.

-Sí, que todo el mundo me dice que voy a sacar una notaza, que seguro que apruebo y sé que no. Tú me dices que voy a suspender pero me tranquilizas ante eso.

-Hombre, dicho así suena un poco cruel...

-Pero lo prefiero así.

-De nada entonces, supongo -sonrío y se levanta del sofá- Ven, túmbate.

-¿Que me tumbe? ¿Para qué?

-Para relajarte, pesada, venga...

-Bueno... -me tumbo en el sofá y se pone de rodillas a mi lado- ¿Qué haces?

-Cállate ya, pesada.

Se ríe y me baja lentamente los tirantes de la camiseta para que sus manos ocupen su lugar. Me masajea los hombros despacio y luego sube a mi cuello. Consigo relajarme pero no puedo dejar de pensar. Cuando su masaje se convierte en caricias por toda mi espalda me estremezco y lo nota.

Sonrío y baja las caricias por mi brazo. Entrelaza mis dedos con los suyos cuando llega a mi mano y me dejo.

Sube de nuevo y tras unos minutos más de masaje con cosquillas y caricias intercaladas coloca mi camiseta bien. Me giro en el sofá y me siento. Él sigue de rodillas en el suelo y queda un poco más alto que yo.

Entonces, sin motivo aparente, cuando le miro a los ojos noto como los míos se empiezan a llenar de lágrimas que intento no dejar salir, y encuentro la respuesta a mi pregunta: ¿Le odio? No, solo le tenía rencor. ¿Le echo de menos? Demasiado.

Y no me sale hacer otra cosa. Me arriesgo sabiendo que puede mandarme a la mierda y le abrazo. Me tiro contra él y al principio se sorprende, pero luego rodea mi cintura con sus brazos y escondo mi cabeza en su cuello.

-Lo siento... Lo siento por todo, Cris -me separo y me limpio la cara- Perdóname por lo que te hice...

-Te lo he perdonado todo, Dani, pero no lo he olvidado.

-Déjame volver a entrar en tu vida, déjame intentar que olvides lo malo... He cambiado.

-Quiero comprobar que has cambiado, quiero conocerte otra vez -sonrío y me pellizca la mejilla-.

-Hace cinco años yo era un crío inmaduro, te aseguro que he cambiado...

-Oye, oye, que hace cinco años tenías más edad que yo ahora... -se ríe y me cruzo de brazos-.

-Joder, es verdad... Pero la diferencia es que tú hace cinco años eras incluso más madura que yo ahora -sonrío y me levanto del sofá-.

-Bueno, tampoco exageres...

-Ha parado de llover... -miro el reloj y es la una y media- Me voy a ir ya, que estoy aquí toda la mañana de ocupa.

Se dirige a la puerta y le acompaño, pero no quiero que se vaya. Me da dos besos y sale de casa. Mientras espera el ascensor asumo que quiero pasar más tiempo con él. Quiero decirle que se quede, pero estoy paralizada. Venga Cris... di algo...



lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 7:


*Narra Cris*

Busco por toda la habitación, en el salón y hasta en la cocina. Nada. Ni rastro de mi monedero. Si solo llevara tonterías me daría un poco igual, pero llevo el DNI, las tarjetas... Todo. Y lo peor de todo es que creo que me lo he dejado en casa de ese idiota. Que sí, agradezco lo que ha hecho por mí, pero el daño que me hizo hace ya cinco años no voy a olvidarlo nunca, aunque parece que él sí que está dispuesto a hacerlo... 
¿O no? Ni yo lo sé. Ahora mismo mi cabeza es un cúmulo de sentimientos, pensamientos...

Vuelvo a tumbarme en la cama y cuando consigo entrar en esa sensación de letargo por el sueño y la fiebre, el sonido del whatsapp retumba en mi habitación. Agarro el móvil de la mesita de noche y desbloqueo la pantalla torpemente. Es de un número que no conozco.

"¿Estás mejor?" -hago una mueca extrañada y busco el número en la agenda, pero no, no lo tengo-.

"¿Quién eres? No tengo tu número guardado..." -espero impaciente la contestación, que llega en apenas un minuto-.

"Normal, en cinco años uno se cambia mucho el móvil, Pedroche... ;)" -pongo cara de asco y contesto-.

"Ah, eres tú. Pues estoy un poco mejor, pero me has despertado" -contesto borde y me llega otro mensaje-.

"Me alegro que estés mejor, y siento haberte despertado, te dejo que descanses".

"Espera... ¿cómo has conseguido mi número?" -me giro en la cama y me vuelvo a poner el termómetro-.

"Tu DNI da mucha información, es bastante últil... Por cierto, un día de estos te lo tendré que devolver, ¿o qué?" -resoplo y miro el termómetro-.

"¿Te importa pasar a ti por mi casa un día? Tengo que estudiar y eso. Si no quieres, no importa" -al menos nuestras conversaciones por mensajes son menos violentas que cara a cara...-.

"¿Mañana por la mañana te viene bien?" -pienso dos minutos y contesto-.

"Sí, pero a partir de las 11:30, que hasta esa hora mis padres no se van y estaré durmiendo.

"¿Puedes?"

"Perfecto. Mañana nos vemos"

"Vale. Adiós"

Vale... No puedo ser más borde, pero es que ese tío es peor que un grano en el culo. Lo que no entiendo es por qué se preocupa por mí. ¿No era una niñata mimada y caprichosa? No se entiende ni él.

Vuelvo a intentar conciliar el sueño y cuando me despierto son las ocho de la tarde. Me he pasado el día durmiendo... Vuelvo a ponerme el termómetro y compuebo que la fiebre ha desaparecido totalmente, esas pastillas que me recetaron han hecho efecto...

Cojo los apuntes de encima de la mesa. En teoría hoy tendría que haberme pasado el día estudiando... 
Empiezo a leer pero no me entero de nada. Lo intento hasta las nueve y media y me voy a ver la tele. Al final, a las doce y pico acabo quedándome dormida en el sofá.

Noto como alguien levanta una persiana bruscamente y abro los ojos desorientada. Entonces recuerdo haberme quedado dormida en el sofá...

-Despierta, bella durmiente, que son las doce.

-¿Dani? ¿Qué coño...? ¿Cómo has entrado? -me siento en el sofá y me restriego los ojos-.

-Tu madre salía y para que no te despertara me ha dado una llave. La he dejado allí al entrar... -miro la llave y me doy cuenta de que solo llevo la ropa interior y una pequeña camiseta de tirantes-.

-Eh... Voy a cambiarme... -me tapo como puedo y voy hasta mi cuarto-.

-¡No hace falta, que así estás muy sexy! -grita desde el salón y asomo la cabeza por la puerta-.

-Gilipollas -me guiña un ojo y cierro de un portazo-.

Me pongo un sujetador debajo de la camiseta y un pantalón largo de pijama y salgo de nuevo al salón. 
Encuentro a Dani mirando fotos de cuando yo era pequeña que estan repartidas por las estanterías y con una sonrisa de tonto.

-¿Qué, Martínez? ¿Te gustan las fotos? -se gira sorprendido y se sonroja-.

-En realidad me reía de tu cara en ellas... Son un poco patéticas, ¿no?

-Sé diferenciar entre risa y sonrisa, majo, pero que lo que tú digas... -sonrío satisfecha y le cojo mi monedero del bolsillo- Gracias por esto. Ya puedes irte.

-En realidad, yo tenía otros planes... -me agarra de la mano cuando voy a ir hasta la puerta y me acerca a él...-.