*Narra Dani*
Llega el ascensor y le dedico una última sonrisa, pero me
frena a entrar.
-¡Dani, espera! -sale de casa y se queda sin saber bien qué
decirme- Que... Gracias por traerme el monedero y el masaje...
-Ya te llamo yo, si eso es a lo que quieres llegar -agacha
la cabeza sonrojada y me río-.
-Vale... -sonríe y ahora sí, entro en el ascensor-.
Bajo al coche, aparcado a dos o tres manzanas intentando no
mojarme demasiado los pies con los charcos del suelo, pero resulta imposible.
Llego con los pies empapados al coche y pongo la calefacción al máximo. Me
recuesto en el asiento y asimilo todo lo que acaba de pasar... ¿Entonces esto
ha sido una tregua? ¿Hemos firmado la paz? No sé qué tiene esta niña, pero cada
vez que paso más de diez minutos con ella se me llena la cabeza de preguntas
imposibles de responder.
Quiere volver a conocerme... Pues lo hará, y no la voy a
volver a cagar, esta vez me voy a portar bien, no voy a ser un capullo que la
deja tirada a la primera de cambio. Esta vez no.
Realmente, sé muy poquito de ella después de tanto tiempo.
Sé que está estudiando, que vive en Vallecas, y que hace unos meses empezó a
trabajar en Sé lo que hicisteis... Ya está. Y quiero saber más cosas de ella,
quiero saberlo todo y quiero aprender a controlarme. Necesito aprender a
reprimir esa vena de chulo prepotente que me sale a veces.
Estamos a domingo... ¿qué hago yo el resto del día?
Arranco el coche y conduzco a ninguna parte, me pongo a
pensar en todo y en nada a la vez, sin darme cuenta me salto dos semáforos en
rojo y estoy a punto de chochar con un coche. Joder, tengo que despejarme...
Llego a casa y me meto a la ducha para intentar aclararme
las ideas.
El día pasa sin pena ni gloria, sin hacer nada, simplemente
tirado en el sofá y sin ganas de nada, ni siquiera salgo por la noche a pesar
de la insistencia de Juanpe.
Son las doce y media y estoy viendo la NBA en la tele, pero solo me
ronda por la cabeza una cosa. Cojo el móvil y marco su número. Tres tonos y lo
coge.
-¿Dani? -tiene voz de dormida y me doy cuenta de la hora que
es-.
-¿Estabas dormida? Lo siento, no me fijé en la hora que
era...
-Estaba a punto -sonrío- ¿qué pasa? Nos hemos visto hace
nada, ¿no puedes vivir sin mí o qué, Martínez?
"Algo así" pienso.
-Pues anda que no eres flipada...
-Bueno, ¿qué querías? -¿y yo qué quería? Ni lo sé-.
-Eh... Pues... En realidad nada, hablar contigo un rato -se
queda callada y me impaciento- ¿Cris...?
-Sí, eh, perdona... Es que me ha sorprendido -sonrío y me
rasco la nuca- ¿Quieres que quedemos mañana y así no gastas móvil?
-Vale, perfecto, ¿te recojo y desayunamos?
-Genial, ¿a las diez?
-A las diez, sí.
-Vale, pues hasta mañana entonces, Dani.
-Adiós, guapa. Buenas noches -cuelgo y sonrío. Objetivo
conseguido-.
Dejo el móvil en la mesa y apago la tele, me acuesto en la
cama y compruebo que aún sigue su olor entre las sábanas. Sonrío y me duermo
feliz de que mañana la volveré a ver.
Quiero... Necesito, demostrarle que he cambiado, que no soy el mismo
gilipollas que hace cinco años.