jueves, 21 de febrero de 2013

Capítulo 12:



Termina la tercera película y Dani enciende la luz del salón. Me llevo las manos a la cara y me tapo los ojos con fuerza.

-¡Apaga eso! –se ríe y vuelve a apagar la luz-.

-Vale, vale… No me mates, agresiva –me quito las manos de la cara y está todo oscuro, no se ve absolutamente nada ya que ahora la tele también está apagada-.

-¿Dani? No me asustes eh… Que no se ve nada –me levanto y busco el interruptor de la luz a tientas pero no lo encuentro- Dani, para ya… ¿dónde estás? –me quedo de pie en medio del salón con la manta sobre los hombros-.

Noto como algo me pellizca la cintura y doy un pequeño grito mientras me giro. Empiezo a pegarle puñetazos en el pecho a Dani, aún sin ver nada y él solo se ríe.

De repente, me agarra por las muñecas y las lleva detrás de mi espalda. Noto su pecho completamente pegado al mío y me quedo sin habla.

-Imbécil.

-Niñata –puedo notar su respiración en mi cara-.

Y entonces, aunque esté todo oscuro y no vea nada sé que le estoy mirando a los ojos. Sé lo que va a pasar y lo que no sé si quiero que pase, duda que desaparece en cuanto noto como sus labios rozan los míos suavemente, como pidiendo permiso. Suspiro y cierro los ojos.

Me recorre un escalofrío y suelta mis manos para rodear mi cintura, yo subo los brazos hasta su cuello y 
espero a que él ataque. No tengo que esperar mucho, ya que en menos de diez segundos vuelvo a notar el contacto de sus labios cálidos sobre los míos.

Me pega a él atrayéndome de la cintura y abro mi boca lentamente para dejar paso a su lengua. Le echaba de menos, no hay duda.

Agarra mi cara entre sus manos y sonrío agachando la cabeza, pero al momento me doy cuenta de que quiero más, de que los dos pedimos más, de que nos hemos echado de menos.

-Dani… -coloca un dedo suavemente en mis labios y me acaricia la cara-.

-No digas nada…  -susurra y sonrío-.

Vuelvo a agarrarme a su cuello y me besa otra vez. Me dejo llevar por él y noto que nos desplazamos. Me empuja suavemente y caigo en el sofá. ¿Qué estoy haciendo? No puedo pensar, no puedo reaccionar, tan solo sé que he echado de menos sus besos y que ahora no puedo controlar mi cuerpo.

Me tumba en el sofá y se coloca encima de mí, amoldándose a mi cuerpo. Vuelve a besarme y baja sus besos hasta mi cuello, donde se entretiene. Suspiro en su oído y cuela una mano debajo de mi camiseta, lentamente, con dulzura.

Me acaricia desde el ombligo hasta el límite con el sujetador, despacio, lento, tanto que hasta duele. Una de las veces va más allá y me acaricia por encima del sujetador, hasta el cuello y bajando de nuevo, entreteniéndose.

Me incorporo y me quita la camiseta tirándola al suelo. Me deshago de la suya y noto cada milímetro de su cuerpo pegado al mío.

Con delicadeza, va bajando sus besos por mi cuello hasta el pecho, más abajo, el abdomen, más abajo, el ombligo, aún más, el límite con mi pantalón. Me hace desesperar y suspiro. Sonríe y tiro de él hacia arriba. 

Vuelve a apartarme el pelo de la cara y me besa despacio, lento, dulce. Yo estoy inmóvil. Paralizada, como si fuera un veneno que me recorre y quema, y que solo puedo expresar en forma de suspiros.

Recorre mis brazos con sus manos y agarra las mías llevándolas encima de mi cabeza, haciendo este juego eterno. Agarra mi labio con sus dientes y vuelve a bajar a mi cuello, besándolo con más fuerza, dejando a un lado la tranquilidad para pasar al siguiente nivel.

Suelto un pequeño gemido y baja a mi pecho, va dejando besos cortos y rápidos en el límite del sujetador que alterna con pequeños mordiscos mientras me agarra fuerte las manos.

Arqueo la espalda pidiéndole más y lleva sus manos al broche de mis vaqueros. Los desabrocha con facilidad y tiro de él hacia arriba.

El siguiente paso no es besarnos, puesto que el sonido del timbre nos devuelve de un empujón a la tierra, nos hace bajar de nuestra nube.

Con la respiración entrecortada me da un beso rápido en los labios y se pone la camiseta dándome la mía. 
Me la pongo también y se levanta.

-Espera ahí… -y eso hago, me siento en el sofá y espero-.

Enciende la luz y entorno los ojos para no deslumbrarme. Me mira y sonríe. Sonrío también y abre la puerta.

Entonces algo me hace, no solo volver a la tierra, sino caer en picado y pegarme contra el suelo. Una rubia espectacular con un cuerpazo increíble y unos ojos preciosos aparece al otro lado de la puerta. La chica no es lo que me preocupa, me preocupa la cara de Dani al verla…

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capítulo 11:

Quiero dedicar el cap a Almu, por comentar 
y valorar siempre tanto esta como la otra historia. 
¡Mil gracias, bonita! 

Ha sido un día horrible. Demasiado trabajo, tres reportajes y dolor de cabeza, estoy agotada… Salgo de Globomedia dispuesta a pedir un taxi, ya que cuando Dani me dejó aquí por la mañana no pensé en cómo me volvería.

Bajo los escalones de la entrada y giro a la derecha, pero justo cuando voy a llamar para pedir el taxi un coche blanco entra a toda velocidad en el aparcamiento. Tengo que echarme hacia atrás para que no me atropelle y a los pocos segundos descubro quién es ese loco.

-¿Dani? ¿Qué haces aquí? –me hace un gesto para que me acerque y me asomo por la ventanilla-.

-Creía que no llegaba a tiempo… Bueno, que te traje yo y no iba a dejar que te fueras sola, ¿no? –sonríe y me muerdo el labio instintivamente- Sube, anda.

Así lo hago, subo a su coche como esta mañana y pongo el CD de Supersubmarina, después, le saludo. Se ríe y me encojo de hombros.

-¿Qué? Lo primero es lo primero, chaval.

-Claro, claro, no te lo niego… -le doy un puñetazo en el hombro y se lleva la mano a donde le he pegado- Serás bestia…

-No soy bestia, soy de Vallecas, y eso te pasa por reírte de mí.

-Lo tendré en cuenta la próxima vez que vaya a burlarme de ti.

-Eso es, a la Pedroche se la respeta, eh… -me cruzo de brazos y tarareo una canción-.

-No, me refiero a que seguiré riéndome de ti pero me apartaré antes de que me pegues –me río y se muerde el labio- Bueno, ¿te dejo en casa o quieres hacer algo?

-Depende lo que sea “hacer algo”, porque me encuentro fatal… -me mira extrañado y se para en un semáforo-.

-¿Qué te pasa?

-Me duele mucho la cabeza, ha sido un día un poco asqueroso –sonríe tiernamente y  me pellizca la mejilla-.

-Bueno, entonces si quieres te llevo a casa y así descansas…

-¡No! Quiero decir… Si no tienes nada que hacer, prefiero no estar sola –sonrío y arranca de nuevo-.

-Vale, pues pensaba llevarte al cine, pero si estás pachucha vamos a mi casa y vemos una peli allí ¿te apetece? –asiento sonriendo y llegamos a su casa en pocos minutos-.

Subimos por la escalera, ya que el ascensor está roto y abre la puerta de su casa.

-Mira en aquella estantería y elige la peli que quieras –sonrío y me pongo a mirar todas las películas una a una-.

-No sabía que fueras tan romántico… -me giro y le miro sonriendo-.

-He cambiado mucho, Pedroche, ya te lo dije –se acerca a mí y se pone detrás- ¿cuál quieres?

-Hmm… ‘Pretty Woman’, ¿te apetece? –sonríe y asiente- Pues cógela, que no llego… -se ríe y alcanza la película de la estantería-.

-¿Tienes hambre? –niego y voy detrás de él sin saber bien qué hacer- ¿Ni de chuches tampoco?

-¿Tienes chuches? –pregunto como una niña pequeña y me da una bolsa de un cajón- Esto sí, ves…

-Ponte cómoda, anda… -se ríe y se agacha a poner la película en el DVD-.

-Dani… Trae una mantita o algo, que tengo frío, porfa –sonríe tiernamente y me da una manta de un armario-.

Me echo la manta por encima y me tapo hasta el cuello torpemente. Se ríe al verme y me quita la manta.

-Trae anda, desastre… -me pone la manta por la espalda a modo de capa y la espachurro contra mi pecho-.

-¡Gracias! –sonrío contenta y se sienta a mi lado-.

Apaga la luz y le da al play, la película empieza y a los pocos minutos pasa un brazo por mi hombro y apoyo la cabeza en su pecho.

El cansancio de todo el día empieza a pasar factura y noto como se me cierran los ojos. Intento no dormirme y noto un beso en la frente. Sonrío y me acurruco con la manta como una niña pequeña.

-Cris, ¿te has dormido? –asiento con la cabeza y se ríe flojito-.

Me cubre con la manta un hombro que ha quedado descubierto y sonrío mirando el final de la película.

Lo intento, pero no puedo evitar que caigan un par de lagrimillas de emoción, y cuando va a levantarse para encender la luz le agarro de la camisa.

-No, Dani. Pon otra peli, que estoy a gustito… -le miro tierna y sonríe ampliamente-.

-¿Love story? –asiento y tras ponerla, vuelve a sentarse a mi lado-.

Esta vez soy yo la que se acomoda en su pecho y cuando acaba esa película le pido otra.

Y así paso la tarde del lunes, con un chico al que hace tres días odiaba a muerte y del que ahora no me apetece separarme ni para comer. No sé si él se sentirá igual, ni si esto llevará a alguna parte, lo que tengo cada vez más claro es que sí, que ha cambiado. Ni siquiera parece la misma persona, excepto por esa sonrisa.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Capítulo 10:


*Narra Cris*

Ya son las  nueve y media y, para variar, no sé qué ponerme. Vacío el armario tres veces y al final opto por unos vaqueros, botas negras y camiseta de tirantes.

En realidad, no sé qué ha pasado… Hace dos días Dani y yo no podíamos ni mirarnos a la cara de lo que nos odiábamos, ¿y ahora? Si hasta me apetece verle… No sé, parece que ha cambiado, quiero que me lo demuestre.

Me da un toque al móvil y bajo al portal.

Le veo apoyado en el coche aún con el móvil en la mano y me acerco a él sonriendo.

-No sufras tanto, que ya estoy aquí –alza la cabeza y se ríe-.

-Buenos días, Pedrochada –me coge de la cintura y me da dos besos largos-.

-¿Pedrochada? –suelto una carcajada y entro en el coche. No contesta y se limita a sonreír-.

-Bueno… ¿A dónde quieres ir? Conozco un par de bares en el centro que están bien, y luego ya, mi casa.

-Tu casa me trae malos recuerdos…  -su expresión cambia y me mira de reojo-.

-¿Por? Si me he mudado desde qu… -le corto y sonrío-.

-Que no es por eso, tonto, es por la otra noche –sonríe y coge una carretera poco transitada- ¿qué es esto, Martínez? ¿me vas a raptar?

-No me hace falta, vendrías conmigo a cualquier parte si te lo pidiera, bonita.

-Eso que te lo crees tú, guapo –me río y pone un CD en el coche-.

-Tiempo al tiempo… -me guiña un ojo y me quedo completamente desconcertada con su respuesta-.

-¿Quiénes son? Me gusta –cambio de tema y cojo la caja del CD-.

-Supersubmarina, son amigos míos, si dan algún concierto pronto por aquí te invito, ¿quieres?

-Hombre, ¡por mí encantada! –sonrío y subo un poco el volumen-.

-Sí, pero la entrada te la pagas tú, eh… -suelto una carcajada y sacudo la cabeza-.

-Qué caballero… Así me gusta…

Le llaman al móvil y lo coge del bolsillo dando un volantazo. Descuelga y saluda efusivamente.

-¡Ey, ¿qué tal todo?! Pues yo bien, disfrutando del verano… Sí, ya estoy en Madrid, un día de estos nos vemos… ¿Mañana? A las doce en los estudios, vale, sí, claro que puedo… Hasta luego, gracias.

-¿Qué? ¿La novia? –sonríe y guarda el móvil-.

-¿Estás celosa, Pedroche? –me mira desafiante y agarro el volante-.

-¡Dani, que nos estrellamos! –vuelve a mirar a la carretera- y no, para nada.

-No tengo novia, era Flo, por un proyecto que empezamos en mayo, en Cuatro.

-¿No jodas? ¿Tú vas a ser la competencia del Selo?

-¡Eso parece! ¿Es que te gusta el programa o qué? –sonríe-.

-Soy la reportera, trabajo allí…

-Ya lo sé, tonta, te estaba vacilando. Me gusta mucho como trabajas, no sé, eres muy cercana con la gente y todos los famosos te adoran ¿cómo lo haces?

-Encanto natural… -me río y aparca el coche enfrente de un bar-.

-¿Te lo tienes muy creído tú, no? –bajo y entramos al bar-.

-Bueno, porque puedo, Martínez. Espero que estés a la altura, a ver quién desbanca a quién…

Pone esa media sonrisa por la que ahora en vez de asco siento que hasta me gusta, me parece sexy.

Me siento en una mesa alejada del resto a pesar de que no hay mucha gente y se sienta en frente. Pedimos el desayuno y desayunamos tranquilamente, riéndonos y hablando de todo un poco. Cuando empiezan las sonrisas tontas me pongo nerviosa y me acabo rápido el desayuno, provocando su risa.

-Dani, se me hace tarde… ¿Me llevas a casa o cojo un taxi? –termina y se levanta-.

-¿Qué tienes que hacer tan importante? –sonríe y paga la cuenta- Te llevo yo.

-Que algunas trabajamos, majo… 

-¡Es verdad! Pues si quieres te llevo a Globomedia directamente y así veo a Mateo, que hace mucho que no le veo.

-¿Conoces a Dani? –subo al coche y ponemos rumbo a mi trabajo-.

-Sí, somos bastante amigos, fue de los primeros que confió en mí en este mundillo.

-Ah, pues no lo sabía… Por cierto, gracias por la invitación.

-Nada, ya me la devolverás –sonríe y vuelvo a poner el CD de Supersubmarina- ¿Te gustan, eh?

-Sí, mucho, ya te lo he dicho –sonrío y miro por la ventanilla hasta que llegamos-.

Bajo del coche y justo entran Berta, Dani y Patricia. Les llamo y los dos Danis se abrazan, mientras que Patri y Berta me lanzan miradas de “qué pasa aquí”.

Al rato de estar en la puerta charlando los cinco, Dani dice que se tiene que ir. Se despide de todos y se 
acerca a mí, bajo la atenta mirada de los otros.

-Pedrochada, por si no nos vemos antes del miércoles, suerte con tu examen… Aunque vas a suspender.

-Muchas gracias Daniel, qué ánimos…

-Sigo tus indicaciones… -me guiña un ojo y nos miran sin entender nada- Bueno, ya nos veremos –se acerca a mí y me coge de la cintura dejando esta vez un largo beso en mi mejilla derecha-.

-Vale, adiós Dani –sonrío y me coge la mano dejando una pequeña notita en ella. Sonríe y sale de allí con el coche más rápido que una bala-.

Patri y Berta se acercan a mí corriendo y me arrebatan  la nota de la mano. La leo en voz alta y al leerla sonrío como una tonta, mientras ellas me piden que les cuente de qué va esto.

“Haré que olvides todo lo malo”

PD: Siento muchísimo el retraso con los caps, tanto en esta historia como en la otra, pero ha sido por falta de tiempo. Gracias por seguir ahí a pesar de todo (a las que aún sigáis). Comentad qué os parece, porfi, que para mí es importante. ¡Besitos!     -Anonymous. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

Capítulo 9:


*Narra Dani*

Llega el ascensor y le dedico una última sonrisa, pero me frena a entrar.

-¡Dani, espera! -sale de casa y se queda sin saber bien qué decirme- Que... Gracias por traerme el monedero y el masaje...

-Ya te llamo yo, si eso es a lo que quieres llegar -agacha la cabeza sonrojada y me río-.

-Vale... -sonríe y ahora sí, entro en el ascensor-.

Bajo al coche, aparcado a dos o tres manzanas intentando no mojarme demasiado los pies con los charcos del suelo, pero resulta imposible. Llego con los pies empapados al coche y pongo la calefacción al máximo. Me recuesto en el asiento y asimilo todo lo que acaba de pasar... ¿Entonces esto ha sido una tregua? ¿Hemos firmado la paz? No sé qué tiene esta niña, pero cada vez que paso más de diez minutos con ella se me llena la cabeza de preguntas imposibles de responder.

Quiere volver a conocerme... Pues lo hará, y no la voy a volver a cagar, esta vez me voy a portar bien, no voy a ser un capullo que la deja tirada a la primera de cambio. Esta vez no.

Realmente, sé muy poquito de ella después de tanto tiempo. Sé que está estudiando, que vive en Vallecas, y que hace unos meses empezó a trabajar en Sé lo que hicisteis... Ya está. Y quiero saber más cosas de ella, quiero saberlo todo y quiero aprender a controlarme. Necesito aprender a reprimir esa vena de chulo prepotente que me sale a veces.

Estamos a domingo... ¿qué hago yo el resto del día?

Arranco el coche y conduzco a ninguna parte, me pongo a pensar en todo y en nada a la vez, sin darme cuenta me salto dos semáforos en rojo y estoy a punto de chochar con un coche. Joder, tengo que despejarme...

Llego a casa y me meto a la ducha para intentar aclararme las ideas.

El día pasa sin pena ni gloria, sin hacer nada, simplemente tirado en el sofá y sin ganas de nada, ni siquiera salgo por la noche a pesar de la insistencia de Juanpe.

Son las doce y media y estoy viendo la NBA en la tele, pero solo me ronda por la cabeza una cosa. Cojo el móvil y marco su número. Tres tonos y lo coge.

-¿Dani? -tiene voz de dormida y me doy cuenta de la hora que es-.

-¿Estabas dormida? Lo siento, no me fijé en la hora que era...

-Estaba a punto -sonrío- ¿qué pasa? Nos hemos visto hace nada, ¿no puedes vivir sin mí o qué, Martínez?
"Algo así" pienso.

-Pues anda que no eres flipada...

-Bueno, ¿qué querías? -¿y yo qué quería? Ni lo sé-.

-Eh... Pues... En realidad nada, hablar contigo un rato -se queda callada y me impaciento- ¿Cris...?

-Sí, eh, perdona... Es que me ha sorprendido -sonrío y me rasco la nuca- ¿Quieres que quedemos mañana y así no gastas móvil?

-Vale, perfecto, ¿te recojo y desayunamos?

-Genial, ¿a las diez?

-A las diez, sí.

-Vale, pues hasta mañana entonces, Dani.

-Adiós, guapa. Buenas noches -cuelgo y sonrío. Objetivo conseguido-.

Dejo el móvil en la mesa y apago la tele, me acuesto en la cama y compruebo que aún sigue su olor entre las sábanas. Sonrío y me duermo feliz de que mañana la volveré a ver.  Quiero... Necesito, demostrarle que he cambiado, que no soy el mismo gilipollas que hace cinco años. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítulo 8:


*Narra Cris*

Siento un escalofrío al notar el contacto de su mano agarrando la mía y me acerca a él lentamente. Me quedo quieta, no me aparto y dejo que me guíe. Me pega a él y suspiro. Me coloca el pelo detrás de la oreja y se acerca rozando sus labios. Me estremezco.

-No te emociones, Pedroche, que se te va a salir el corazón del pecho... -susurra y se separa lentamente- Solo tenía pensado quedarme un rato más, que está lloviendo a cántaros.

-Imbécil -me separo lo que puedo de él y sonríe victorioso-.

-Niñata.

¿Por qué ahora no me desagrada que me llame niñata? Este idiota me va a volver loca.

Voy a la cocina y me preparo un colacao para desayunar. Me siento en la mesa y Dani entra en la cocina.

-¿Entonces qué?

-¿Qué de qué? No te voy a echar a la calle con la que está cayendo después de aguantarme ayer todo el día -leo una revista quitándole hierro al asunto y se sienta en frente mío-.

-¿Ya no tienes fiebre?

-Por suerte, no... -sonrío un poco y provoco su sonrisa-.

-Pues me alegro de que haya sido poco tiempo -río negando con la cabeza y me mira extrañado- ¿qué pasa?

-Que es la primera vez que hablamos más de tres minutos sin tirarnos los trastos a la cabeza...

-Bueno, eso es porque estoy pacifista hoy... -me río y meto la taza al lavavajillas-.

-¿Has desayunado o quieres algo?

-No, gracias, desayuné en casa. Algunos madrugamos, Pedroche... -le miro con una sonrisa burlona y me cruzo de brazos-.

-¿Madrugar? ¿Tú? No creo. Si te levantarás con una tía diferente cada día, si no se van por la noche después del polvo -me cuesta decir eso, pero lo digo para intentar parecer... ¿fuerte? ¿egocéntrica? ni yo lo sé-.

-No, no, maticemos eso... Que para mí madrugar son las once de la mañana y me he levantado solo para traerte el monedero.

-Ya, claro... -compruebo que sigue lloviendo y resoplo-.

-¿Qué pasa? ¿Tan pronto me quieres echar? Mira que si cuando te trato bien no quieres estar conmigo vuelvo a lo de antes...

-¿Por qué? ¿Es que quieres pasar tiempo conmigo, Martínez? -me acerco a él y se sonroja-.

-Yo no he dicho eso.

-Lo has insinuado. Te contradices... -se ríe y se sienta en el sofá- Eh, no acapares el sofá entero, que algunas tenemos cosas que hacer...

-¿Cosas que hacer un domingo? ¿Como qué? -me siento en la otra esquina del sofá y cojo los apuntes de encima de la mesa-.

-Como estudiar, que tengo examen el miércoles...

-Ah vale, pues yo aquí calladito y en silencio, tú estudia.

Leo todos los apuntes desde el principio, una y otra vez, memorizo y cuando llevo tan solo dos páginas me tapo la cara con las manos y chasqueo la lengua, agobiada.

-¿Qué pasa? ¿No te lo sabes? -miro a Dani y niego con la cabeza- A ver, trae... -le doy los apuntes y los mira por encima para devolvérmelos después-.

-Es que no me sé nada, el examen es el miércoles y... joder. Me estreso. Se supone que ayer me pasaría el día estudiando y no pude, y hoy no me puedo concentrar. Llevo con las mismas dos páginas desde anoche.

-Bueno, no te agobies... Si suspendes este examen ya aprobarás el resto -sonrío y me recuesto en el sofá-.

-Al menos tú eres sincero...

-¿Cómo? ¿Qué tiene que ver la sinceridad aquí? -le miro y me sonríe-.

-Sí, que todo el mundo me dice que voy a sacar una notaza, que seguro que apruebo y sé que no. Tú me dices que voy a suspender pero me tranquilizas ante eso.

-Hombre, dicho así suena un poco cruel...

-Pero lo prefiero así.

-De nada entonces, supongo -sonrío y se levanta del sofá- Ven, túmbate.

-¿Que me tumbe? ¿Para qué?

-Para relajarte, pesada, venga...

-Bueno... -me tumbo en el sofá y se pone de rodillas a mi lado- ¿Qué haces?

-Cállate ya, pesada.

Se ríe y me baja lentamente los tirantes de la camiseta para que sus manos ocupen su lugar. Me masajea los hombros despacio y luego sube a mi cuello. Consigo relajarme pero no puedo dejar de pensar. Cuando su masaje se convierte en caricias por toda mi espalda me estremezco y lo nota.

Sonrío y baja las caricias por mi brazo. Entrelaza mis dedos con los suyos cuando llega a mi mano y me dejo.

Sube de nuevo y tras unos minutos más de masaje con cosquillas y caricias intercaladas coloca mi camiseta bien. Me giro en el sofá y me siento. Él sigue de rodillas en el suelo y queda un poco más alto que yo.

Entonces, sin motivo aparente, cuando le miro a los ojos noto como los míos se empiezan a llenar de lágrimas que intento no dejar salir, y encuentro la respuesta a mi pregunta: ¿Le odio? No, solo le tenía rencor. ¿Le echo de menos? Demasiado.

Y no me sale hacer otra cosa. Me arriesgo sabiendo que puede mandarme a la mierda y le abrazo. Me tiro contra él y al principio se sorprende, pero luego rodea mi cintura con sus brazos y escondo mi cabeza en su cuello.

-Lo siento... Lo siento por todo, Cris -me separo y me limpio la cara- Perdóname por lo que te hice...

-Te lo he perdonado todo, Dani, pero no lo he olvidado.

-Déjame volver a entrar en tu vida, déjame intentar que olvides lo malo... He cambiado.

-Quiero comprobar que has cambiado, quiero conocerte otra vez -sonrío y me pellizca la mejilla-.

-Hace cinco años yo era un crío inmaduro, te aseguro que he cambiado...

-Oye, oye, que hace cinco años tenías más edad que yo ahora... -se ríe y me cruzo de brazos-.

-Joder, es verdad... Pero la diferencia es que tú hace cinco años eras incluso más madura que yo ahora -sonrío y me levanto del sofá-.

-Bueno, tampoco exageres...

-Ha parado de llover... -miro el reloj y es la una y media- Me voy a ir ya, que estoy aquí toda la mañana de ocupa.

Se dirige a la puerta y le acompaño, pero no quiero que se vaya. Me da dos besos y sale de casa. Mientras espera el ascensor asumo que quiero pasar más tiempo con él. Quiero decirle que se quede, pero estoy paralizada. Venga Cris... di algo...



lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 7:


*Narra Cris*

Busco por toda la habitación, en el salón y hasta en la cocina. Nada. Ni rastro de mi monedero. Si solo llevara tonterías me daría un poco igual, pero llevo el DNI, las tarjetas... Todo. Y lo peor de todo es que creo que me lo he dejado en casa de ese idiota. Que sí, agradezco lo que ha hecho por mí, pero el daño que me hizo hace ya cinco años no voy a olvidarlo nunca, aunque parece que él sí que está dispuesto a hacerlo... 
¿O no? Ni yo lo sé. Ahora mismo mi cabeza es un cúmulo de sentimientos, pensamientos...

Vuelvo a tumbarme en la cama y cuando consigo entrar en esa sensación de letargo por el sueño y la fiebre, el sonido del whatsapp retumba en mi habitación. Agarro el móvil de la mesita de noche y desbloqueo la pantalla torpemente. Es de un número que no conozco.

"¿Estás mejor?" -hago una mueca extrañada y busco el número en la agenda, pero no, no lo tengo-.

"¿Quién eres? No tengo tu número guardado..." -espero impaciente la contestación, que llega en apenas un minuto-.

"Normal, en cinco años uno se cambia mucho el móvil, Pedroche... ;)" -pongo cara de asco y contesto-.

"Ah, eres tú. Pues estoy un poco mejor, pero me has despertado" -contesto borde y me llega otro mensaje-.

"Me alegro que estés mejor, y siento haberte despertado, te dejo que descanses".

"Espera... ¿cómo has conseguido mi número?" -me giro en la cama y me vuelvo a poner el termómetro-.

"Tu DNI da mucha información, es bastante últil... Por cierto, un día de estos te lo tendré que devolver, ¿o qué?" -resoplo y miro el termómetro-.

"¿Te importa pasar a ti por mi casa un día? Tengo que estudiar y eso. Si no quieres, no importa" -al menos nuestras conversaciones por mensajes son menos violentas que cara a cara...-.

"¿Mañana por la mañana te viene bien?" -pienso dos minutos y contesto-.

"Sí, pero a partir de las 11:30, que hasta esa hora mis padres no se van y estaré durmiendo.

"¿Puedes?"

"Perfecto. Mañana nos vemos"

"Vale. Adiós"

Vale... No puedo ser más borde, pero es que ese tío es peor que un grano en el culo. Lo que no entiendo es por qué se preocupa por mí. ¿No era una niñata mimada y caprichosa? No se entiende ni él.

Vuelvo a intentar conciliar el sueño y cuando me despierto son las ocho de la tarde. Me he pasado el día durmiendo... Vuelvo a ponerme el termómetro y compuebo que la fiebre ha desaparecido totalmente, esas pastillas que me recetaron han hecho efecto...

Cojo los apuntes de encima de la mesa. En teoría hoy tendría que haberme pasado el día estudiando... 
Empiezo a leer pero no me entero de nada. Lo intento hasta las nueve y media y me voy a ver la tele. Al final, a las doce y pico acabo quedándome dormida en el sofá.

Noto como alguien levanta una persiana bruscamente y abro los ojos desorientada. Entonces recuerdo haberme quedado dormida en el sofá...

-Despierta, bella durmiente, que son las doce.

-¿Dani? ¿Qué coño...? ¿Cómo has entrado? -me siento en el sofá y me restriego los ojos-.

-Tu madre salía y para que no te despertara me ha dado una llave. La he dejado allí al entrar... -miro la llave y me doy cuenta de que solo llevo la ropa interior y una pequeña camiseta de tirantes-.

-Eh... Voy a cambiarme... -me tapo como puedo y voy hasta mi cuarto-.

-¡No hace falta, que así estás muy sexy! -grita desde el salón y asomo la cabeza por la puerta-.

-Gilipollas -me guiña un ojo y cierro de un portazo-.

Me pongo un sujetador debajo de la camiseta y un pantalón largo de pijama y salgo de nuevo al salón. 
Encuentro a Dani mirando fotos de cuando yo era pequeña que estan repartidas por las estanterías y con una sonrisa de tonto.

-¿Qué, Martínez? ¿Te gustan las fotos? -se gira sorprendido y se sonroja-.

-En realidad me reía de tu cara en ellas... Son un poco patéticas, ¿no?

-Sé diferenciar entre risa y sonrisa, majo, pero que lo que tú digas... -sonrío satisfecha y le cojo mi monedero del bolsillo- Gracias por esto. Ya puedes irte.

-En realidad, yo tenía otros planes... -me agarra de la mano cuando voy a ir hasta la puerta y me acerca a él...-.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 6:


Estoy tirado en el sofá sin hacer nada esperando que a Cristina le baje la fiebre y llevarla a su casa sin que se ponga peor. Aún no sé por qué hago todo esto, ¿no la odiaba?

-¡Dani! ¿Puedes venir? –su voz me saca de mis pensamientos y voy a la habitación-.

-¿Qué pasa?

-Que me hago pis… -me río y me doy la vuelta-.

-Pues ya sabes dónde está el baño, chica.

-¡Joder, Dani! –me vuelvo hacia ella y me acerco a la cama-.

-¿Cómo se piden las cosas? –me apetece picarla un rato-.

-Eres un imbécil –Se levanta y sé que va a marearse a causa de la fiebre, así que la agarro de la cintura y se aferra a mi cuello con un brazo- Gracias… -masculla entre dientes y entra al baño-.

-Sal rápido y no te toques ahí dentro, que sé que soy irresistible, pero estoy aquí al lado, un respeto…

-Déjame en paz. –sale del baño y vuelvo a agarrarla como antes-.

Camino de nuevo con ella por el pasillo hasta la habitación y la dejo caer en la cama, pero pierdo el equilibro y caigo al lado quedándome a centímetros de ella. Nos miramos a los ojos dos segundos y tengo la sensación de que todo mi odio desaparece para dar paso a sensaciones nuevas que nunca antes había tenido. Se me acelera el pulso.

Entonces, no puedo hacer otra cosa que subir mi mano hacia arriba y acariciarle suavemente la mejilla. A los dos nos recorre un escalofrío.

-¿Qué haces? –dice intentando apartarme de ella-.

-¿Qué? Eh… Lo siento, me he resbalado.

No me contesta. Sabe que me he resbalado, pero también sabe que mi mano no ha acabado en su mejilla por casualidad, yo lo sé, los dos los sabemos.

Cojo el termómetro de la mesilla y se lo doy encendido.

-Ten, póntelo de nuevo y si tienes menos de 39 te llevo a casa –lo agarra sonriendo y al poco rato suena el desagradable pitido- a ver…

-¿Cuánto tengo? –se incorpora para mirar y hago una mueca-.

-Cuarenta y uno. Llevas ya varias horas así, Cristina. ¿Por qué no me lo dices si te encuentras mal?

-Porque me quiero ir de aquí, joder.

-Estúpida… -murmuro y me levanto de la cama-.

-¿Qué me has llamado?

-Que eres una borde. Si prefieres irte y quedarte tirada en la calle, como tú veas, bonita.

-Vale, tienes razón. Me estoy comportando como una niña pequeña. ¡Pero es que tú me hablas mal, y… 
joder!

-¿Y, qué?

-Y nada, Dani. Nada. Da igual –se lleva las manos a la cara y se gira para taparse con la almohada-.

-¿Cris? ¿Estás llorando? ¿Por qué lloras, y por qué lloraste anoche? –decido preguntar antes de que me vuelva loco, pero no obtengo respuesta por su parte y me doy por vencido- Vale, lo cojo. Luego vengo a ver qué tal estás, intenta dormir.

Me levanto y me voy de nuevo al salón. Esa niñata me está rayando más de lo normal y encima siendo una 
borde. Pero en el fondo la veo tan débil… Tan niña… Me voy a volver loco.

Agarro el mando de la tele y a la media hora escucho sollozos en la habitación. ¿Qué le pasa ahora? Voy hacia allí y la encuentro tiritando de frío, intentando taparse con la poca sábana que tiene y muy pálida para lo morena que es.

-Levanta Cristina, nos vamos –la cojo en brazos y la dejo en el sofá mientras cojo las llaves del coche-.

-¿A casa? Por fin… -a penas le salen las palabras y no sé qué hacer-.

-No, a casa no, vamos al médico.

La vuelvo a coger en peso y esta vez no se queja, se agarra a mi cuello con la poca fuerza que tiene y la meto en el coche con cuidado. Llegamos al hospital más cercano y le dan algún antibiótico con uno de esos nombres raros. Parece que le sienta bien, porque al menos sale del médico andado por su propio pie.

-Bueno, enhorabuena, ahora sí que te vas a casa… -sonríe y camino cerca de ella por si tengo que agarrarla-.

Conduzco hasta su casa por donde me indica y aparco en el portal.

-¿Quieres que te acompañe arriba o estás bien?

-No, no, puedo ir sola… -se gira en el asiento y me mira con vergüenza- eh… Que… Bueno, que gracias, y 
eso… Por lo de anoche y lo de hoy, siento haberte jodido dos días enteros.

-Nah, no te preocupes Pedroche, ya me devolverás el favor algún día –le guiño un ojo y… ¿sonríe?  Eso parece-.

-Algún día… Sí –baja del coche y diciéndome adiós con la mano entra en su portal-.

Llego a casa y recojo todo. Encuentro su monedero vacío en el suelo, tan solo con el carné de identidad y alguna que otra tarjeta. Parece que volveremos a vernos antes de lo que creía.

Me dirijo a la habitación y, por primera vez en dos semanas, no cambio las sábanas, sino que hago la cama con las mimas que ha usado ella durante toda la noche. Ni yo sé bien para qué. Y no para de repetirse en mi cabeza la misma pregunta… “¿No la odio?” Seguida de otra pregunta, aún más compleja… “¿Tengo razones para odiarla?”