domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 6:


Estoy tirado en el sofá sin hacer nada esperando que a Cristina le baje la fiebre y llevarla a su casa sin que se ponga peor. Aún no sé por qué hago todo esto, ¿no la odiaba?

-¡Dani! ¿Puedes venir? –su voz me saca de mis pensamientos y voy a la habitación-.

-¿Qué pasa?

-Que me hago pis… -me río y me doy la vuelta-.

-Pues ya sabes dónde está el baño, chica.

-¡Joder, Dani! –me vuelvo hacia ella y me acerco a la cama-.

-¿Cómo se piden las cosas? –me apetece picarla un rato-.

-Eres un imbécil –Se levanta y sé que va a marearse a causa de la fiebre, así que la agarro de la cintura y se aferra a mi cuello con un brazo- Gracias… -masculla entre dientes y entra al baño-.

-Sal rápido y no te toques ahí dentro, que sé que soy irresistible, pero estoy aquí al lado, un respeto…

-Déjame en paz. –sale del baño y vuelvo a agarrarla como antes-.

Camino de nuevo con ella por el pasillo hasta la habitación y la dejo caer en la cama, pero pierdo el equilibro y caigo al lado quedándome a centímetros de ella. Nos miramos a los ojos dos segundos y tengo la sensación de que todo mi odio desaparece para dar paso a sensaciones nuevas que nunca antes había tenido. Se me acelera el pulso.

Entonces, no puedo hacer otra cosa que subir mi mano hacia arriba y acariciarle suavemente la mejilla. A los dos nos recorre un escalofrío.

-¿Qué haces? –dice intentando apartarme de ella-.

-¿Qué? Eh… Lo siento, me he resbalado.

No me contesta. Sabe que me he resbalado, pero también sabe que mi mano no ha acabado en su mejilla por casualidad, yo lo sé, los dos los sabemos.

Cojo el termómetro de la mesilla y se lo doy encendido.

-Ten, póntelo de nuevo y si tienes menos de 39 te llevo a casa –lo agarra sonriendo y al poco rato suena el desagradable pitido- a ver…

-¿Cuánto tengo? –se incorpora para mirar y hago una mueca-.

-Cuarenta y uno. Llevas ya varias horas así, Cristina. ¿Por qué no me lo dices si te encuentras mal?

-Porque me quiero ir de aquí, joder.

-Estúpida… -murmuro y me levanto de la cama-.

-¿Qué me has llamado?

-Que eres una borde. Si prefieres irte y quedarte tirada en la calle, como tú veas, bonita.

-Vale, tienes razón. Me estoy comportando como una niña pequeña. ¡Pero es que tú me hablas mal, y… 
joder!

-¿Y, qué?

-Y nada, Dani. Nada. Da igual –se lleva las manos a la cara y se gira para taparse con la almohada-.

-¿Cris? ¿Estás llorando? ¿Por qué lloras, y por qué lloraste anoche? –decido preguntar antes de que me vuelva loco, pero no obtengo respuesta por su parte y me doy por vencido- Vale, lo cojo. Luego vengo a ver qué tal estás, intenta dormir.

Me levanto y me voy de nuevo al salón. Esa niñata me está rayando más de lo normal y encima siendo una 
borde. Pero en el fondo la veo tan débil… Tan niña… Me voy a volver loco.

Agarro el mando de la tele y a la media hora escucho sollozos en la habitación. ¿Qué le pasa ahora? Voy hacia allí y la encuentro tiritando de frío, intentando taparse con la poca sábana que tiene y muy pálida para lo morena que es.

-Levanta Cristina, nos vamos –la cojo en brazos y la dejo en el sofá mientras cojo las llaves del coche-.

-¿A casa? Por fin… -a penas le salen las palabras y no sé qué hacer-.

-No, a casa no, vamos al médico.

La vuelvo a coger en peso y esta vez no se queja, se agarra a mi cuello con la poca fuerza que tiene y la meto en el coche con cuidado. Llegamos al hospital más cercano y le dan algún antibiótico con uno de esos nombres raros. Parece que le sienta bien, porque al menos sale del médico andado por su propio pie.

-Bueno, enhorabuena, ahora sí que te vas a casa… -sonríe y camino cerca de ella por si tengo que agarrarla-.

Conduzco hasta su casa por donde me indica y aparco en el portal.

-¿Quieres que te acompañe arriba o estás bien?

-No, no, puedo ir sola… -se gira en el asiento y me mira con vergüenza- eh… Que… Bueno, que gracias, y 
eso… Por lo de anoche y lo de hoy, siento haberte jodido dos días enteros.

-Nah, no te preocupes Pedroche, ya me devolverás el favor algún día –le guiño un ojo y… ¿sonríe?  Eso parece-.

-Algún día… Sí –baja del coche y diciéndome adiós con la mano entra en su portal-.

Llego a casa y recojo todo. Encuentro su monedero vacío en el suelo, tan solo con el carné de identidad y alguna que otra tarjeta. Parece que volveremos a vernos antes de lo que creía.

Me dirijo a la habitación y, por primera vez en dos semanas, no cambio las sábanas, sino que hago la cama con las mimas que ha usado ella durante toda la noche. Ni yo sé bien para qué. Y no para de repetirse en mi cabeza la misma pregunta… “¿No la odio?” Seguida de otra pregunta, aún más compleja… “¿Tengo razones para odiarla?”

jueves, 20 de septiembre de 2012

Capítulo 5:


*Narra Dani*

Miro como duerme y no logro entender por qué me comporté tan mal con ella en aquella fiesta de cumpleaños. Lo que más me duele es que ella no puede olvidarlo, y que yo soy tan gilipollas que me sigue saliendo mi vena de chulito con ella. No lo puedo evitar, soy así.

Es la una de la tarde y las dos siguen durmiendo. Echo a Irene, creo que así dijo Cris que se llamaba, una manta por encima y me dirijo a mi habitación. Está dormida. Me acerco despacio a la cama y le aparto un mechón de pelo de la cara.

-Cris, ¿tienes frío? -asiente con la cabeza y voy al armario a por otra manta-.

Se la echo por encima arropándola hasta el cuello. Abre un poquito los ojos pero los vuelve a cerrar cansada y suspira volviendo a dormirse.

Escucho ruidos en el salón y voy hacia allí, Irene se ha despertado.

-¿Dónde estoy? ¿Y Cris? ¿Quién eres tú? -se levanta con la mano en la cabeza y me río-.

-Habla más flojo, anda, que Cris está durmiendo allí -señalo mi habitación y le llevo una pastilla para el dolor de cabeza- Estás en mi casa, y soy Dani, encantado.

-Ja, ja. Muy gracioso. ¿Qué hacemos aquí?

-Básicamente, ayer te gastaste el dinero de Cristina en copas y no podíais volver a casa, así que me ofrecí a 
llevaros, pero perdiste las llaves de tu casa y con lo borracha que ibas Cris no quería que fuerais a la suya, supongo que para que no te vieran así sus padres.

-Joder... ¿Cris está muy enfadada?

-No mucho. Cuando estoy yo cerca solo se enfada conmigo... -me río y ella me mira raro-.

-¿Tú no serás...?

-Sí, el de la famosa noche de cumpleaños de Cris -pone cara de enfadada y se lanza a pegarme. La freno y no puedo evitar reírme-.

-¿Qué haces, loca? Encima que os salvo la vida a tu amiga y a ti...

-Tú lo que eres es un cabrón.

-Suaaaave, chiquilla, relájate bonita.

-Voy a ver a Cris, seguro que la has dejado durmiendo en el suelo o algo así, con lo gilipollas que eres...

Irene va a la habitación y pone cara de sorpresa al ver a Cris tapada con mil mantas y durmiendo en mi cama. Me apoyo en el marco de la puerta y sonrío triunfante. Irene se gira y se disculpa con la mirada, al menos no es tan orgullosa como su amiga.

Se sienta en el borde de la cama y le deja un beso a Cris en la mejilla, pero pone cara de extrañada y le pone una mano en la frente a Cris.

-Dani, está ardiendo... ¿Tienes un termómetro? -me acerco preocupado y toco a Cris-.

-Sí que está caliente... Espera, que voy a buscar uno. Aparta. -Irene se levanta y retiro las mantas de Cris-.

-¿Qué haces?

-Pues destaparla, si tiene fiebre no es bueno que esté tan abrigada, ¿no te lo enseñaron en el cole o qué? -digo irónico-.

Cris se despierta e intenta abrir los ojos. Voy rápido y cierro la ventana para que la luz no le moleste.

-¿Irene? ¿Qué hacéis?

-Que tienes fiebre, chiqui, vamos a ponerte el termómetro. -Agarra las mantas para volver a ponérselas y se las quito-.

-¿Qué haces, idiota? -decido no contestar y le dejo solo una fina sábana-.

-Déjale a él, Cris, que yo no sé qué hacer en estos casos -se ríe y le coge la mano- Hazle caso.

-Pero tengo frío... -Irene la abraza y yo vuelvo con el termómetro-.

Se lo doy a Cris, que se estremece al notar el contacto del metal helado y a los pocos minutos suena el pitido. Se lo quito y lo miro descifrando esos pequeños numeritos.

-Tienes 41 de fiebre... -Irene me mira agobiada y me pide que salga fuera con ella. Lo hago y me mira-.

-Dani, que yo tengo que trabajar... Pero no va a querer quedarse contigo.

-Es fácil, vete sin que se entere -mira hacia un lado dudando pero acaba aceptando- Vale, pero llévala a casa pronto, por favor. Yo hablaré con su madre y le diré que está en mi casa.

-¿Su madre también me tiene asco? -me río irónico y pone cara de pocos amigos-.

-No, idiota, su madre no te conoce. Bueno, yo me voy ya que llego tarde, trátala bien, por favor.

-Si soy todo un caballero... -me río e Irene sale por la puerta-.

Vuelvo a la habitación y veo a Cris intentando abrigarse con la única manta que le dejé, sin conseguir nada útil.

-Al final vas a desgastar la manta, chiquilla... -le doy una pastilla para la fiebre y se la toma mirándome mal-.

-Eres un borde asqueroso. ¿Dónde está Irene? -resoplo y sonrío-.

-Mira qué maja la niña... Irene se ha ido que tenía que trabajar o no sé qué.

-¿Qué se ha ido? -se levanta pero se marea y la agarro del brazo antes de que se caiga al suelo-¿Y me deja 
aquí sola contigo? -pone cara de desesperación y la dejo sentada en la cama-.

-Lo siento por ti, pero estás mal, ¿es que no lo ves? No puedes ni levantarte.

-Llévame a casa, o déjame dinero para un taxi. Por favor -me mira con menos rencor pero niego con la 
cabeza-.

-No.

-¿Que no, qué? ¿Me vas a secuestrar?

-No, joder, pero con el frío que hace y 41 de fiebre no sales a la calle. Te quedas aquí hasta que te baje la fiebre y luego te llevo a casa.

-Eres una puta pesadilla.

-¿Sueñas conmigo, Pedroche? -sonrío chulesco y me enseña el dedo cabreada-.

-Vete a la mierda, flipado.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Capítulo 4:


-¿Sigues viviendo en Vallecas, no? -me mira por el espejo y le contesto borde-.

-Sí.

-Joder chica, encima que te hago de taxista... -se concentra en la carretera y alzo el dedo corazón-.

-Oye, que yo no te he pedido nada, imbécil. -Se limita a sonreír. Esa sonrisa que si no le odiara, me volvería loca, como a cualquier chica-.

-Cris, he perdido las llaves... -Irene rebusca torpemente en el bolso y me pongo a buscar yo también-.

-¡Joder, Irene! No podemos ir a mi casa con lo borracha que vas, ¿qué quieres? ¿Que durmamos en la calle? -Dani se ríe y le grito desde el asiento de atrás- ¿De qué te ríes tú?

-Nada, chica, pero no me negarás que es una situación bastante cómica... Vaya un desastre, si es que sois unas crías...

-Que te calles ya, joder. Y mira a la puta carretera, que te vas a dejar los ojos en mis tetas.

-Más quisieras tú que te tocara con un palo, niña.

-¡Cerdo! ¡Que dejes de llamarme niña!

-Pues lo que eres...

-Pues al menos soy más madura que tú. -Se ríe ruidosamente y aparca el coche en la puerta de su casa, la recuerdo- ¿Qué crees que haces?

-¿Pues no lo ves? No tenéis donde dormir, así que aparca un poquito tu orgullo y subid a mi casa, que son las tres de la mañana y hace frío. Cuando a tu amiga se le pase la borrachera os llevo a tu casa.

-Vale.

Dani coge a Irene en brazos para subirla por la escalera y abre la puerta al llegar a su casa en un cuarto piso. La verdad, agradezco el detalle de que haya subido él a Irene, yo no habría podido mantenerla de pie ni tres escalones.

Acompaño a Irene al baño y le quito los tacones. Vomita dos veces más y la llevo hasta el sofá, me siento con ella y Dani le lleva un vaso de agua. Más que bebérselo, se lo tira encima, y a los tres minutos se queda dormida en el sofá. Intento despertarla pero está dormida como un tronco, y yo estoy agotada y quiero irme a casa.

Me llevo las manos a la cara y suspiro.

-¿Por qué me sale todo tan mal? -Dani aparece por detrás y me levanto del sofá-.

-¿Qué pasa? -se ha duchado y lleva un pantalón ancho de pijama y una sudadera-.

-Que se ha quedado dormida y hasta que no se despierte no puedo volver a casa, eso pasa. No voy a 
dejarla aquí sola.

-Pues quédate a dormir -se cruza de brazos y frunzo el ceño-.

-¿Bromeas?

-No, no bromeo. Estás agotada, tu amiga está durmiendo y son las tres y media de la mañana. Acuéstate y cuando se despierte os llevo a casa si quieres, venga... -Me habla con voz dulce, cosa que no entiendo y suspiro resignada-.

-Vale... ¿Dónde duermo?

-Pues en mi cama. No tengo habitación de invitados y el sofá está ocupado...

-¿Y  tú dónde duermes? -alzo una ceja-.

-Pues contigo, no querrás que me acueste en el suelo. -Suelto una carcajada-.

-Tú sueñas, chaval. Dame una manta y me acuesto en el suelo yo. No vas a dormir conmigo, y no voy a dejar que duermas tú en el suelo.

-Vale, vale, joder... Qué bordes estamos, encima que te ofrezco mi dulce morada...

-¿Tú es que no te tomas nunca las cosas en serio? Joder.

-Venga, ve a acostarte, yo me espero un rato despierto. De todas formas no creo que tu amiga tarde mucho en despertar. Date una ducha si quieres...

-Vale. -Me meto en el cuarto de baño y a los quince minutos asomo la cabeza por la puerta- ¡Daniel! ¡Dani!

-¿Qué quieres?

-Que me des una toalla... -sonríe de lado y se acerca al baño-.

-O sea, que ahora estás desnuda y yo podría entrar si quisiera... -Cierro la puerta y me pongo contra ella-.

-Ni se te ocurra. -Se ríe y oigo como se aleja. Me da la toalla y una camiseta suya para dormir. Al menos no me ha dado la más corta que tenía, porque me llega por la mitad de los muslos-.

-¿Qué se dice? -está apoyado en el marco de la puerta. Me giro y pongo cara de pocos amigos-

-Imbécil. -Le doy la espalda y me agarra el brazo-.

-¿Alguna vez te han dicho que eres una maleducada? Niñata...

Entre el dolor que me provoca su mano en mi brazo, el cansancio de esa noche, lo que le odio y el mal humor que tengo, cuando voy a contestarle se me quiebra la voz y las lágrimas caen sin remedio por mis mejillas. Me suelta el brazo sorprendido y me meto en la cama escondiendo mi cara para que no me vea llorar. Le odio. No puedo odiarle más.

Estoy muerta de frío, pero no voy a decirle nada, evidentemente. A los pocos minutos creo que lo nota porque me echa un par de mantas por encima y me arropa, haciendo que todo mi frío desaparezca. Se sienta en una silla y se recuesta sobre la mesa. Le veo y, después de lo que está haciendo por nosotras, me da pena.

-Dani... -susurro hasta que me escucha- no duermas ahí, anda. Métete en la cama, no me importa.

-Gracias...

Levanta un poco las mantas y se mete en la cama. Es de matrimonio, y se queda separado de mí para no molestarme. Cuando se tapa vuelve a arroparme y yo me acerco un poco al centro de la cama instintivamente. Me aparta el flequillo de la cara y noto como el sueño invade mi cuerpo. Me duermo tratando de descubrir si las cosquillitas que siento en mi espalda son producto de mi imaginación o son sus manos...

domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 3:


*Narra Cris*

Llegamos a la discoteca y pago el taxi. Veinte euros... Vaya timo. Cada vez está todo más caro y más en Madrid. Pero bueno, mejor venir en taxi que luego tener que volver conduciendo si vamos un poco contentillas... Siempre dices que no vas a beber, pero luego acabas tomándote una copa, que lleva a otra, y a otra.


Entramos a la discoteca e Irene y yo vamos directas a la pista a darlo todo y, ya de paso, a bajar la cena del italiano al que acabamos de ir.


Bailamos sin parar durante una hora entera, y luego vamos a la barra a tomar algo. Me pido mi clásico malibú con piña y ella su ya de siempre vodka con limón, volvemos a la pista de baile pero al rato nos cansamos y nos acercamos a un sofá de una esquina de la discoteca y caemos rendidas en él.


Se nos acercan varios grupos de chicos que apartamos riendo. Irene ya ha ido varias veces a la barra y va bastante borracha, a mí solo me duele la cabeza.


 -Cris, te quiero un montón -se lleva la mano al pecho y yo me río- pero me estoy meando, así que acompáñame al lavabo, zorra.


-Venga, vamos... -me río y la ayudo a ponerse de pie- Vas borracha, tía. Luego te quejas de las resacas. -Le da la típica risa tonta y la llevo al cuarto de baño-.


-¿Yoooo? Qué voy a ir borracha... Lo que pasa es que tú eres una zanahoria. -Me río a carcajada limpia y ella se pone seria- ¿De qué te ríes? ¿Qué he dicho?


-Nada, nada... Anda, vamos a donde estábamos.


-No, aburrida, ¡yo me voy a bailar! Luego voy otra vez allí -me guiña un ojo y se pierde entre la gente antes de que pueda detenerla-.


-¡Irene, ven aquí! -le grito pero ya no me oye- Joder.


Vuelvo al sofá y me termino la segunda copa de la noche, y me digo a mí misma que no voy a beber más. Son las tres de la mañana y la discoteca está a rebosar de gente, comienzo a recorrérmela de un lado a otro pero no la veo, y me obligo a salir fuera a tomar el aire, ya mareada. Además, Irene lleva mi móvil y dinero en su bolso...


Salgo a la calle y suspiro al sentir la brisa de la noche en la cara, pero sigo preocupada por no encontrar a Irene, puesto que iba bastante borracha.


Cuando decido entrar dentro para seguir buscándola escucho su risa al final de la calle, y la veo vomitando al lado de un coche mientras un chico le sujeta la frente y el pelo para que no se ensucie. Sonrío al ver que la he encontrado pero estoy cabreada con ella. Espero a que deje de vomitar todo lo que ha bebido esa noche y me acerco a ellos. La agarro del brazo y se abraza a mí riéndose.


-¡¡Criiiiis!! ¿Qué tal, guapetona?

-¡Joder, Irene! Llevo una hora y media buscándote, ¿se puede saber dónde estabas?


-No sé, por ahí, luego me encontraba mal pero este chico me ha ayudado. -Le señala y cuando levanto la cabeza para darle las gracias pongo la misma cara de sorpresa que tiene él desde que me vio-.


-¿Daniel?


-Tú... -me señala confundido y le pongo cara de asco-.


-Sí, volvemos a encontrarnos. Y a despedirnos. Adiós, Daniel. -Me doy la vuelta agarrando a Irene de la cintura-.


-Hombre... La niña sigue igual de estúpida que siempre, mira qué bien. -Me giro y le echo una mirada fulminante-.


-Aprendí del mejor. Vete a la mierda.


-Estuve en ella hace unos años en un cumpleaños tuyo y no repetiría, ¿te acuerdas? -Me acerco a él y le empujo hacia atrás-.


-Eres un hijo de puta. Pero si te acuerdas tanto será porque no lo pasaste tan mal, ¿no? -Le miro desafiante, odiándole. No ha cambiado-.


-No estuvo tan mal aquella noch...


-Ni lo nombres, gilipollas. Fue la peor noche de mi vida, que lo sepas. Me das asco.


-Pues y tú a mí, niñata engreída -aprieto los puños para contenerme las ganas de pegarle un guantazo y vuelvo con Irene-.


Le quito el bolso y abro mi monedero. Vacío. Suspiro y lo lanzo contra el suelo llevándome las manos a la cara.


-Joder, Irene, ¿eres imbécil o qué? ¡Te has gastado todo el puto dinero en copas! ¿Qué coño te pasa? Explícame cómo volvemos ahora a casa. -Me cruzo de brazos y me hace pucheros-.


-Perdoooona, Cris... Jo, no lo sabía. Perdóname, porfi, porfi... -veo como Dani contempla la escena divertido y se acerca a nosotras-.


-Si queréis os llevo a casa, yo me iba ya. -Irene se agarra a su brazo y empieza a cantar una canción absurda. Él sonríe y la sujeta sin saber bien por donde-.


-No queremos nada tuyo. Lárgate. -Me levanto agarrando el monedero y Dani agarra a Irene antes de que se estampe contra el suelo- Joder...


-Parece que no tienes otra alternativa, maja.


Vale, lo acepto, está ganando. Pero no puedo dejar que ese gilipollas nos lleve a casa.


En ese momento se acercan dos tíos y uno de ellos me agarra por la cintura. Me giro sorprendida. No le conozco.


-Te veo agobiada, morena, ¿te llevo a algún sitio? -Cuando estoy a punto de aceptar irme con ese asqueroso desconocido, solo por despecho, Dani se mete en medio de los dos-.


-Vete a tu casa, desgraciado. Está conmigo. -Los dos tíos se alejan y miro a Dani cabreada-.
-¿Qué coño haces, tío?


-¿¡Qué quieres!? No iba a dejar que os fuerais con esos dos cerdos. Sube al coche y deja de protestar ya, que pareces una niña pequeña.


Mascullo un insulto por lo bajo y me subo a la parte de atrás del coche intentando mantener a Irene sentada. Muy a mi pesar, no me quedaba otra opción..

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 2:


Esta vez es rubia. "Pero si a mí no me gustan las rubias, vaya pedo llevaría anoche" piensa Dani mientras se lleva la mano a la cabeza debido a la resaca de la fiesta anterior. Mira debajo de las sábanas y, como esperaba, están desnudos.

Se dirige a la ducha sin despertar a la chica que acabó en su cama anoche y de la que, por cierto, no conoce el nombre. Se ducha con agua fría intentando despejar sus ideas, entonces recuerda algo. Recuerda haber invitado a esa chica a un par de copas, que sucedieron a dos más, y recuerda haberse acostado con ella al llegar a su casa. Solo espera que cuando salga de la ducha ella ya se haya marchado, ya ha tenido bastantes escenitas con chicas que creían que él buscaba algo más que sexo, y es que aún no ha sentado la cabeza, ni quiere hacerlo. Aún no ha encontrado a la 'mujer de su vida', si es que existe.

Está agotado, pero esta noche volverá a salir, seguramente, siempre lo hace. Es verano, está soltero, sin trabajo (aunque con algo pendiente), y quiere disfrutar de su juventud...

Cierra el agua y agarra una toalla que se rodea en la cintura. Se lava los dientes y mira su móvil. Las doce menos cuarto de la mañana, y siete llamadas perdidas. Desbloquea la pantalla del iPhone y, como suponía, son de Juanpe. Le llama y contesta al primer tono.

-¡Hombre, Martínez, si estás vivo! ¿Cómo acabaste la noche? -Dani sonríe ante el saludo de su amigo y abre la puerta, comprobando que aquella rubia ya se ha marchado-.

-Pues bien, con una rubia que te gustaría... -Lo dice para picarle, lo sabe-.

-¿Rubia? Tío, tenemos hablado que las rubias son mías... Eres un cabronazo. ¿Te acabas de levantar? -Sale a la habitación y recoge la ropa que hay por todo el pasillo de la noche anterior-

-Si no sé ni cómo se llamaba, ya se ha ido. Pero estaba bastante buena, la verdad... Y sí, acabo de salir de la ducha, ¿qué pasa?

-Ay, no tienes aguante, si es que no sabes beber... Yo llevo en pie desde las nueve de la mañana y haciendo cosas, soy un tío con clase.

-Ya, ya, menos lobos... Eso es porque anoche no pillaste.

-Chs, ¿y cuál es el problema? -Dani suelta una carcajada, igual que siempre cuando su amigo pronuncia esa frase con su típico tono chulesco- Además, estate tranquilo, que esta noche volvemos a salir.

-Ya imaginaba... Te paso a recoger a las diez y media, como siempre.

-Venga tío, hasta entonces.

-Adiós.

Y los dos cuelgan casi a la vez. Dani sonríe moviendo la cabeza de un lado a otro. Este Juanpe... Nunca madurará.

Cambia las sábanas de la cama por cuarta vez esta semana y se mira al espejo. Las ojeras le llegan por la barbilla, pero eso no le impedirá volver a salir otra noche más, volver a emborracharse y, si puede ser, volver a acabar con otra chica diferente a la que llevar a su cama, lo que él no sabe es que esa noche le deparará muchas sorpresas...

Una mañana entera ordenando la casa, que estaba hecha un desastre. ¿Cuántas semanas llevaría sin limpiar? Por lo menos tres...

Pide comida a domicilio, no le apetece preparar nada y tampoco es un buen cocinero... Al acabar de comer vuelve a dormirse en el sofá hasta que un sms a las nueve y media le despierta, y menos mal, porque ha dormido toda la tarde y quedó en recoger a Juanpe dentro de una hora. Es de Anna. Lo lee en voz alta tras desbloquear la pantalla del teléfono.

-¡Daniel! ¿Qué tal todo? En nada empezamos... ¿Tienes ganas? Bueno, en fin, que era por si te apetecía tomar un café o algo y nos contamos un poco la vida, que desde ENSLN no nos vemos... ¡Un besito! -Agarra su móvil y contesta al sms de Anna-.

-Rubia guapaaa! Pues muy bien, la resaca es mi día a día, pero tú ya me conoces ;) Si quieres nos vemos mañana a las cinco en el bar de siempre, te parece? Un besazo, guapetona!!

Vuelve a bloquear el móvil tras ver que Anna ha aceptado su propuesta y va a la habitación a cambiarse, no tiene mucho tiempo, pero la puntualidad es uno de sus puntos fuertes y a las diez y media estaba llamando a 
Juanpe para que bajara al coche.

-Buenas, machomen, a que adivino que te has pasado la tarde durmiendo...

-Cállate imbécil, que anoche gasté mucha energía -Dani guiña un ojo y Juanpe se ríe de esa forma tan característica suya-.

-Ya, claro... ¿A dónde vamos?

-No sé... ¿Igual que anoche? Estaba bastante bien el sitio.

-Perfecto, entonces coge aquella salida -Juanpe le indica el camino hasta llegar al centro y aparcan-.

Los dos entran a la discoteca con la esperanza de una noche más de juerga, pero lo que no se imaginan es que en ese preciso momento, un taxi estaba aparcado en la puerta y dos chicas vallecanas se dirigían a, exactamente, la misma discoteca que ellos...

jueves, 6 de septiembre de 2012

Capítulo 1:


Amanece en Madrid, la ciudad de... ¿De qué? Está París, la ciudad del amor; Roma, la ciudad del arte; Milán, la ciudad de las tiendas y las compras... A pesar de que Madrid no es una ciudad conocida mundialmente como estas anteriores, nuestra protagonista vive enamorada de ella. Realmente, por el centro se mueve poco, de lo que realmente está enamorada es de su barrio, Vallecas. En su opinión, el mejor barrio de todo Madrid, pero esa noche a Cris no le apetece frecuentar los mismos sitios de siempre...

Un tono, dos, tres, cuatro y hasta cinco antes de que su mejor amiga descuelgue el teléfono.

-¿Cris? ¿Se puede saber qué quieres a estas horas? -La chica se incorpora en la cama y mira el reloj de su mesita con torpeza-.

-¿Cómo que estas horas? Que son las cinco, pedazo de vaga. ¡Vamos, levántate ya y come algo, que esta noche nos vamos de copas por el centro! -Cris sonríe ilusionada a un lado de la línea de teléfono esperando que su amiga acepte, pero esta vez le costará un poco convencerla-.

-Qué dices, qué dices, para nada... Yo estoy agotada de la fiesta de anoche, no es mi culpa que fueras una aburrida y no te vinieras -Se levanta, perezosa, de la cama y enchufa la cafetera sabiendo que su amiga acabará convenciéndola...-

-¡Esa fiesta era un asco! ¿Con la gente del instituto? Por favor, Irene, estoy deseando olvidar a esa gente...

-Oye chica, no es nuestra culpa que fueras la empollona de la clase... Y nos lo pasamos muy bien, para que lo sepas.

-Que sí, que lo que tú quieras... Pero espabila que esta noche nos vamos a Madrid, que llevo una semana sin salir de casa, anda, porfa, Irene, venga... -Cris hace pucheros para provocar a su amiga, que estalla en una sonora carcajada y sacude la cabeza-.

-Eres de lo que no hay, eh... Bueno, vale, pero nos vamos en taxi, que luego dices que no vas a beber y te emborrachas como la que más.

-¿Yo? Pero si nunca me emborracho, tonta.

-¿Ah, no? ¿Y en tus dieciocho, qué? -Irene se muerde el labio sabiendo que ha dado en el clavo y retira el café de la máquina dándole un pequeño sorbo-.

-Ya tenías que sacar el temita... Me lo vas a recordar toda mi vida, eh.

-Sí, cielo, hasta que te mueras, de hecho... Pero no te sientas mal, ese tío era un capullo pero estaba muy bueno, ¿cómo se llamaba?

-Irene, que dejes el tema. Ni estaba bueno, ni recuerdo su nombre -Cris se tumba en el sofá resignada, en realidad nunca va a olvidar a aquel chico de su dieciocho cumpleaños. De hecho, se acuerda perfectamente de su nombre: Daniel-.

-Vale, vale, cálmate chica... ¿Entonces nos vemos donde siempre a las diez? -Con el café en una mano y el móvil en la otra, Irene se sienta en el sofá y enciende la tele con el pie-.

-¡No! A las nueve, que te invito a cenar. Ala, venga, hasta luego, ¡un besito! -Cuelga antes de que su amiga pueda negarse y sonríe victoriosa, por otro lado, Irene tiene una sonrisa de resignación. Son tan diferentes la una de la otra, pero a la vez se quieren tanto...-

Cris está deseando independizarse, Irene vive sola y le va genial, aunque es un desastre con la casa... La relación con sus padres es buena, pero tiene que dar explicaciones por todo y eso a ella no le gusta un pelo. 

De hecho, todo empezó aquel día, ese 30 de octubre en el que cumplió dieciocho años, aquella fecha cambió muchos aspectos en su vida.

Las horas pasan lentas. Ella se mueve del sofá a la cama, de la cama al sofá, del sofá a la nevera y vuelta a empezar, pero siempre con sus apuntes en la mano. Solo le queda un examen y está muy nerviosa, eso de estudiar dos carreras la lleva loca, pero merece la pena para su futuro, o eso le dicen todos. 

Independientemente de eso, nuestra protagonista es una chica muy inteligente y podría compaginar cinco carreras universitarias si se lo propusiera. Lleva encerrada en casa más de cinco días, estudiando sin parar, y aunque aún le quede un examen de una asignatura no ha podido resistirse a llamar a su amiga para salir juntas por ahí. Hace mucho tiempo que no van juntas al centro de Madrid de fiesta, pero esta vez tiene muchas ganas, ya estudiará al día siguiente, o eso es lo que ella cree esa tarde...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Prólogo


Odio. Creo que esa es la palabra que puede definir perfectamente los sentimientos de nuestros dos protagonistas. Sus nombres son Daniel y Cristina, ¿sus edades? muy diferentes, ¿sus personalidades? más aún.
Digamos que nuestro primer protagonista de esta historia es el típico chico chulesco al que puedes encontrarte con cinco chicas diferentes en una sola noche, pero tiene buen corazón. Su  mayor problema es no saber diferenciar cuando una de esas chicas es diferente a las demás, cuando con ella, aunque él no lo sepa, busca algo más que sexo. Y esto nos lleva a nuestra segunda protagonista. Ella, por contraposición, aún es muy joven, quizá demasiado para todo lo que ya ha vivido. Es una chica sensible y dulce, y puede que intente aparentar demasiada fuerza para lo que en realidad siente en su interior y eso, amigos, no es nada bueno.
Pero os preguntaréis qué tienen que ver estos dos protagonistas tan diferentes. Digamos que el destino quiso que se encontraran hace varios años, concretamente en la fiesta de cumpleaños de ella, en su mayoría de edad, en sus dieciocho primaveras. Él, incluso más que ahora, era un gañán, un tipo con ganas de vivir la vida y tan solo 24 años, alguien con ganas de comerse el mundo. Podríamos decir que desde esa noche, o mejor dicho, la mañana siguiente, se desencadenó su odio mutuo.
Lo que nuestros queridos protagonistas no saben es de del odio al amor hay un paso, y viceversa, y que no son tan diferentes como ellos creen. Bueno, realmente, sí lo son, pero dentro de ellos hay algo que aún les une estrechamente. Pero, querido lector... No les estropeemos su propia historia, dejemos que lo descubran ellos mismos...
¡Hola a todas!
Creo este blog para más de lo mismo, una historia nueva, fantasías nuevas y para plasmar las cosas que yo sueño despierta todos los días.
El título de esta nueva historia es "Querido enemigo..." (nombre por cortesía de Sandra) y también es Crisda, pero no tiene nada que ver con la otra que escribo (http://crisdanonymous.blogspot.com). Es diferente, sobretodo, en la situación de los protagonistas y los sentimientos de los mismos.
Quería escribirla porque es una situación entre ellos que casi nadie escribe, y a mí también me gusta imaginarla.
Quiero dar las gracias especialmente a Sandra por darme su opinión respecto a ella y crear ese precioso fondo y cabecera del blog; y a Paula, por leer el prólogo y contarme qué le parecía.
Gracias a mis ñoñas por estar siempre a mi lado.
Os envío este enlace a las de siempre, a las que me leéis en 'Infinity' y que os gusta mi novela.
Espero que esta os guste tanto como la otra, o más... Y que disfrutéis mucho, mucho.
Cualquier cosa que queráis decirme podéis hacerlo por comentario en el blog o en mi twitter @Crisdanonymous.
Muchos besitos.