Quiero dedicar el cap a Almu, por comentar
y valorar siempre tanto esta como la otra historia.
¡Mil gracias, bonita!
Ha sido un día horrible. Demasiado trabajo, tres reportajes
y dolor de cabeza, estoy agotada… Salgo de Globomedia dispuesta a pedir un
taxi, ya que cuando Dani me dejó aquí por la mañana no pensé en cómo me
volvería.
Bajo los escalones de la entrada y giro a la derecha, pero
justo cuando voy a llamar para pedir el taxi un coche blanco entra a toda
velocidad en el aparcamiento. Tengo que echarme hacia atrás para que no me
atropelle y a los pocos segundos descubro quién es ese loco.
-¿Dani? ¿Qué haces aquí? –me hace un gesto para que me
acerque y me asomo por la ventanilla-.
-Creía que no llegaba a tiempo… Bueno, que te traje yo y no
iba a dejar que te fueras sola, ¿no? –sonríe y me muerdo el labio
instintivamente- Sube, anda.
Así lo hago, subo a su coche como esta mañana y pongo el CD
de Supersubmarina, después, le saludo. Se ríe y me encojo de hombros.
-¿Qué? Lo primero es lo primero, chaval.
-Claro, claro, no te lo niego… -le doy un puñetazo en el
hombro y se lleva la mano a donde le he pegado- Serás bestia…
-No soy bestia, soy de Vallecas, y eso te pasa por reírte de
mí.
-Lo tendré en cuenta la próxima vez que vaya a burlarme de
ti.
-Eso es, a la Pedroche se la respeta, eh… -me cruzo de
brazos y tarareo una canción-.
-No, me refiero a que seguiré riéndome de ti pero me
apartaré antes de que me pegues –me río y se muerde el labio- Bueno, ¿te dejo
en casa o quieres hacer algo?
-Depende lo que sea “hacer algo”, porque me encuentro fatal…
-me mira extrañado y se para en un semáforo-.
-¿Qué te pasa?
-Me duele mucho la cabeza, ha sido un día un poco asqueroso
–sonríe tiernamente y me pellizca la
mejilla-.
-Bueno, entonces si quieres te llevo a casa y así descansas…
-¡No! Quiero decir… Si no tienes nada que hacer, prefiero no
estar sola –sonrío y arranca de nuevo-.
-Vale, pues pensaba llevarte al cine, pero si estás pachucha
vamos a mi casa y vemos una peli allí ¿te apetece? –asiento sonriendo y
llegamos a su casa en pocos minutos-.
Subimos por la escalera, ya que el ascensor está roto y abre
la puerta de su casa.
-Mira en aquella estantería y elige la peli que quieras
–sonrío y me pongo a mirar todas las películas una a una-.
-No sabía que fueras tan romántico… -me giro y le miro
sonriendo-.
-He cambiado mucho, Pedroche, ya te lo dije –se acerca a mí
y se pone detrás- ¿cuál quieres?
-Hmm… ‘Pretty Woman’, ¿te apetece? –sonríe y asiente- Pues cógela,
que no llego… -se ríe y alcanza la película de la estantería-.
-¿Tienes hambre? –niego y voy detrás de él sin saber bien
qué hacer- ¿Ni de chuches tampoco?
-¿Tienes chuches? –pregunto como una niña pequeña y me da
una bolsa de un cajón- Esto sí, ves…
-Ponte cómoda, anda… -se ríe y se agacha a poner la película
en el DVD-.
-Dani… Trae una mantita o algo, que tengo frío, porfa
–sonríe tiernamente y me da una manta de un armario-.
Me echo la manta por encima y me tapo hasta el cuello
torpemente. Se ríe al verme y me quita la manta.
-Trae anda, desastre… -me pone la manta por la espalda a
modo de capa y la espachurro contra mi pecho-.
-¡Gracias! –sonrío contenta y se sienta a mi lado-.
Apaga la luz y le da al play, la película empieza y a los
pocos minutos pasa un brazo por mi hombro y apoyo la cabeza en su pecho.
El cansancio de todo el día empieza a pasar factura y noto
como se me cierran los ojos. Intento no dormirme y noto un beso en la frente.
Sonrío y me acurruco con la manta como una niña pequeña.
-Cris, ¿te has dormido? –asiento con la cabeza y se ríe
flojito-.
Me cubre con la manta un hombro que ha quedado descubierto y
sonrío mirando el final de la película.
Lo intento, pero no puedo evitar que caigan un par de
lagrimillas de emoción, y cuando va a levantarse para encender la luz le agarro
de la camisa.
-No, Dani. Pon otra peli, que estoy a gustito… -le miro
tierna y sonríe ampliamente-.
-¿Love story? –asiento y tras ponerla, vuelve a sentarse a
mi lado-.
Esta vez soy yo la que se acomoda en su pecho y cuando acaba
esa película le pido otra.
Y así paso la tarde del lunes, con un chico al que hace tres
días odiaba a muerte y del que ahora no me apetece separarme ni para comer. No
sé si él se sentirá igual, ni si esto llevará a alguna parte, lo que tengo cada
vez más claro es que sí, que ha cambiado. Ni siquiera parece la misma persona,
excepto por esa sonrisa.